• Fernando Glas

Del salón de clases al futuro laboral

Inteligencia Emocional y las nuevas generaciones.



El futuro en sociedad se nos presenta como más tecnológico, moderno y avanzado donde, aparentemente, la automatización, las nuevas tecnologías y la inteligencia artificial jugarán un papel clave en ese nuevo mundo.


Por otro lado, el presente de las nuevas generaciones -de las que todavía están en el salón de clases- es cada vez más rudo, competitivo y violento.


Desde los tiroteos en los colegios en Estados Unidos hasta el consumo de drogas y el abuso sexual en Latinoamérica, el panorama actual nos muestra que más allá de ese presente lleno de facilidades tecnológicas, tal vez los jóvenes no están experimentando el mejor ambiente para educarse y formarse para la edad adulta.


Podríamos decir que estamos educando jóvenes totalmente desprovistos de armas y herramientas para enfrentarse a la dura realidad del mundo actual.


La verdadera causa


Podemos enumerar varias causas para tratar de comprender el problema. En Estados Unidos, por ejemplo, se habla de regulación de armas. En Latinoamérica, de regulación del consumo de drogas y la evaluación estricta de los docentes.


Sin embargo, detrás de todo esto, podríamos señalar a la falta de la educación emocional de los jóvenes como un factor clave para comprender realmente el problema.


La sociedad y la vida familiar han cambiado de manera acelerada en el último medio siglo. Podemos señalar algunos cambios significativos que nos ayudarán a comprender mejor la situación actual:


1. La focalización de la educación en lo técnico y el “pensamiento crítico”, dejando de lado la formación del mundo emocional a través de las artes, la filosofía y el voluntariado.


2. La transición de una visión tradicional del hogar con un solo ingreso (padre) a hogares con 2 ingresos (padre/madre). Lo que ha generado, en gran medida, un vacío al no encontrar un sistema idóneo para la educación no formal de los jóvenes en la casa cuando los padres no están presentes.


3. La aparición de nuevos medios de información: TV, internet, redes sociales. Hoy por hoy, los jóvenes tienen acceso ilimitado a contenidos crudos y violentos sin restricción.


4. El cambio de valores desde ideales de vida intangibles (la cultura y el arte) a objetivos materiales (comprar una casa o nuestra apariencia física, por dar algunos ejemplos). De alguna manera, nos estamos preocupando más por el “parecer” que por el “ser” y las redes sociales no nos están ayudando a mejorar esto.


Si lo analizamos bien, ninguno de los aspectos antes descritos representa un problema en sí. El mundo avanza y nosotros con él. No podemos restringir el uso de nuevas tecnologías y tampoco regresar a hogares de un solo ingreso. Sin embargo, es urgente pensar en una nueva educación -formal y familiar- que integre otros aspectos que garanticen realmente el éxito de los jóvenes en el mundo del futuro.


Una nueva educación es posible


La educación moderna se está centrando en los métodos: clases más dinámicas, trabajo de grupo; y en los medios: computadores, sistemas de gestión online, etc. Pero parece ser que estos cambios no logran cubrir las falencias de un sistema educativo moribundo y totalmente desfasado con las necesidades del mundo actual. Tal vez ha llegado el momento de repensar también lo que estamos enseñando.


Podría sonar un poco exagerado el planteamiento anterior. No obstante, hay señales fuertes de la propia juventud que nos indican lo contrario. En enero del 2018 se inició un curso en la Universidad de Yale que enseña a los estudiantes “la ciencia de la felicidad y a que pongan en práctica esa ciencia". Con más de 1200 alumnos, ha sido el curso con más éxito en la historia de la universidad. Aparentemente, los alumnos no se sienten felices y buscan nuevas respuestas para comprender el origen de su infelicidad. Y todavía no han llegado al mundo laboral.


Es indispensable entonces que una verdadera educación del mundo emocional y de la mente se incluya en el proceso formativo de las nuevas generaciones.


Estamos a las puertas de una nueva revolución industrial. Según un estudio de la Universidad de Oxford del 2013 (Frey, Osborne), el 47% de los empleos en Estados Unidos está en riesgo debido a la automatización.


Pero las máquinas no lo pueden reemplazar todo. Será más fácil reemplazar a un obrero de una fábrica de autos o a un empleado de limpieza que a un relacionista público o al líder de un equipo de diseño de aviones. Es claro que las 2 últimas profesiones citadas requieren de una alta dosis de inteligencia emocional.

Cómo educar la Inteligencia Emocional


La neurociencia y el estudio del mundo emocional desde el punto de vista científico avanzan a pasos acelerados. Hoy existen múltiples métodos y técnicas, convirtiéndose el problema en cómo elegir el mejor camino para desarrollar de manera eficaz nuestro mundo emocional.


Tal vez el reto se encuentre en no considerar a la Inteligencia Emocional como una simple competencia más para tener éxito en el trabajo. Deberá ser considerada como un factor clave para el desarrollo interior (o espiritual, si se quiere) del ser humano que nos encamine a la construcción de una sociedad nueva y mejor donde el bullying, los tiroteos o el abuso sexual sean un mal recuerdo de épocas pasadas.


Por Fernando Glas

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